domingo, 27 de marzo de 2011

El perro ladrador

Hoy en  TODO SOBRE PERROS  hablaremos sobre los perros ladradores.
Los perros que ladran continuamente son un verdadero problema, especialmente en las zonas urbanas más densamente pobladas. Ante todo, resultan una molestia para los vecinos, pero también son un problema para sus propietarios, pues las disputas de vecindad que un perro ladrador origina casi siempre conducen a la petición de limitar los ladridos a determinada hora del día o incluso a la <<prohibición>> de los mismos, lo cuál, por motivos obvios, es completamente absurdo.
Los perros de tipo spitz, así como los pastores, tienen una afición especial a ladrar. En cambio, la mayoría  de los perros de caza y lebreles no les gusta armar ruido, con excepción del Beagle y el whippet. Algunas razas de perros de tiro y también el basenji no ladran pero, en compensación, aullan y emiten una especie de alaridos roncos.
  Por el momento, no se han establecido diferencias entre los sexos por lo que respecta al afán de ladrar: machos y hembras ladran por igual y con la misma frecuencia.
El perro se aficiona muy precozmente a esta forma de expresión que tanto saca de quicio a sus propietarios. Y si al perro joven que ladra mucho y fuerte no se le reprime a tiempo, sus manifestaciones sonoras se incrementarán progresivamente con el paso de los años.
¿POR QUÉ UN PERRO SE VUELVE LADRADOR?
Puesto que  el ladrido no es otra cosa que el medio que utiliza este animal para comunicarse a grandes distancias, las causas de que el perro haga excesivo ruido pueden estar entre las siguientes:
El perro ladra para captar la atención de  otros perros o personas. Si ve que surte efecto y le prestan la atención que buscaba, pone de nuevo en practica este método en las demás ocasiones que se le presentan.
También puede ladrar cuando oye la voz de sus congéneres, a modo de respuesta.
Los ladridos también pueden significar amenaza: cuando  hay moros en la costa, es decir, cuando otros perros pasan por su territorio o algún extraño quiere penetrar en sus dominios (por ejemplo, el cartero), o bien  el animal oye sonidos  o detecta olores que le inquietan, su reacción natural es comenzar a ladrar. El perro se siente útil como guardián al avisarnos de la amenaza de un peligro, cuya proximidad nosotros, evidentemente no hemos percibido.
Lo que con frecuencia motiva las largas serenatas de ladridos es el sentimiento de abandono y la necesidad de cobijo. En este caso, los ladridos significan una llamada a la solidaridad, aunque a veces tengan una connotación negativa (por ejemplo, pueden incluir <<insultos>>).
Así se explica que los perros que están atados y los que viven en las perreras se pasen el día ladrando: no hacen otra cosa que pedir un poco de compañía.
Los ladridos fuertes, pero por otra parte, también pueden expresar alegría desbordante, entrega entusiasta o excitación – por ejemplo, ante la perspectiva de un juego-, o incluso significar un afectuoso saludo.
EL PERRO QUE LADRA MUCHO ACTÚA ASÍ PORQUE TIENE MUCHAS COSAS QUE <<DECIR>>.
LADRANDO, LOS PERROS SE COMUNICAN CON OTROS ESTÁN POR LOS ALREDEDORES,
LLAMAN A SU DUEÑO O LE AVISAN DE UN PELIGRO INMINENTE
CÓMO LOGRAR QUE EL PERRO NO LADRE
Antes de ponerse manos a la obra para controlar ladridos de l perro, convendría que apuntara en un papel en qué ocasiones el perro utiliza la voz, por qué, según usted, lo hace, y en qué momento, por iniciativa propia, calla. Anote también la forma en que hasta ahora ha reaccionado usted ante los ladridos demasiados fuertes y continuos. En la mayoría  de las ocasiones, somos los dueños quienes favorecemos los ladridos de nuestros perros, si bien hacemos de forma inconsciente e involuntaria. Un perro que ladra siempre está excitado, por lo que si le gritamos o intentamos imponernos alzando la voz, caeremos, por así decirlo, en el mismo error que él; de esta forma, su agitación aumentará y sus ladridos se harán más fuertes  y persistentes.
Del mismo modo, cualquier recompensa que siga los ladridos favorecerá este comportamiento. La recompensa puede consistir en dejarlo salir si está ladrando delante de la puerta, en jugar con él porque lo venía pidiendo a gritos o en responder muy efusivamente a su escandaloso recibimiento.
Por último –y esto no depende del dueño-, cuando el perro ladra para ahuyentar a los transeúntes, ya sean personas o animales, se ve reafirmado en su actitud porque, naturalmente, estos pasan de largo y se alejan de él.
Una vez que hayamos averiguado cuáles son las situaciones que sacan al perro de quicio, ya podremos empezar con la terapia. Si es posible, hay que provocar la situación que desencadena los ladridos; si no, deberemos esperar a que la ocasión  se presente por si sola. Procuraremos encontrarnos lo más cerca posible del perro en el momento en que este empiece a ladrar.
Cuando ladre motivado por estímulos externos, como olores, ruidos, etc., responderemos con unas breves palabras de aprobación (<<¡bien!>>, <<¡bravo!>>), pronunciaremos su nombre y lo llamaremos para que acuda a nuestro lado. En caso de que no reaccione, lo llamaremos más enérgicamente o le obligaremos a venir tirando del collar. En ningún momento hay que perder la calma ni gritar. El perro debe interpretar que su dueño está contento por que él le ha avisado de un peligro, pero también que, como ahora el dueño controla la situación, él ya no tiene motivo para continuar excitado.
En caso de que el perro reciba de una manera impetuosa a una persona que entra o bien avise de su llegada ladrando muy enfadado, conteste con un tranquilo <<¡ya está bien!>>, llámelo y ordénele que se siente; seguidamente, felicítelo y luego siga con sus quehaceres habituales. Si el perro empieza de nuevo con reiterados ladridos, repita la orden de <<¡siéntate!>> y póngase a hablar con la persona recién llegada, sin hacer ningún caso del perro. Ignórelo hasta que él se dé cuenta de la inutilidad de sus ladridos. Luego, tras unos momentos, préstele atención de nuevo.
Si lo que le incita a ladrar son los fuertes ruidos procedentes, por ejemplo, de una fiesta en el jardín vecino o de perros que ladran delante de la casa, distráigalo exhortándole en tono tranquilo a jugar, o bien dele alguna galletita.
Si ninguna de estas medidas diese resultado, ya sea porque el carácter del perro estuviera condicionado por su costumbre de ladrar sin parar, porque siempre le atiende cuando ladra o porque el perro quiere acaparar su atención  a cualquier precio, proceda de la forma siguiente:
Nuevamente, espere a que el perro se ponga a ladrar. Entonces, mándele a sentarse y, a continuación, echarse en el suelo. Si el perro no entiende aún este mandato, cuando esté sentado haga presión lateralmente sobre la zona del vientre hasta conseguir que se tumbe. Muy pocos pocos perros son capaces de ladrar desde la posición de echados. También puede sujetarle el hocico con la mano izquierda para mantenérselo cerrado. Cuando el perro calle, hágale <<¡chiss!>>, subrayado además con el gesto de la mano, se utilizará cada vez cada vez que el perro se calle después de haber ladrado.
Además, el perro debe relacionarlo con un acontecimiento agradable, que siempre se le ofrecerá a continuación, como puede ser jugar un rato, hacerle unas caricias o también, eventualmente, darle una recompensa.
Bajo ninguna circunstancia debemos permitir que los ladridos continuos y exasperantes nos saquen de nuestras casillas. Jamás debemos chillar, alterados, ni reaccionar con ira, pero tampoco permanecer impasibles, pues ello tendría como consecuencia inevitable que el perro volviera a las andadas. No olvide nunca pronunciar en primer lugar el nombre del perro antes de mandarle sentarse (<<¡siéntate!>>), acudir (<<¡aquí!>>) o callar (<<¡chisss!>>), para que relacione consigo el mandato en cuestión. Incluso en el caso de perros que son ladradores consumados, actuando de esta forma se puede solucionar el problema. Por el contrario, la petición desesperada de un perro encerrado en una perrera o atado a una cadena, que reclama compañía y atención, solo puede acallarse satisfaciendo esas peticiones absolutamente naturales del perro.
HAY QUE ALABAR AL PERRO DESPUÉS DE LOS PRIMEROS LADRIDOS DE AVISO Y A CONTINUACIÓN HACERLE CUMPLIR UN EJERCICIO EN SILENCIO

PUNTOS CLAVE: ¿POR QUÉ LADRA UN PERRO?
  • PARA ATRAER LA ATENCIÓN.
  • COMO RESPUESTA A LOS LADRIDOS DE OTROS PERROS.
  • PORQUE EL BARULLO O LOS RUIDOS LE INCITAN A HACERLO.
  • PARA INTIMIDAR O AHUYENTAR A LOS EXTRAÑOS.
  • PARA DAR LA VOZ DE ALARMA CUANDO SUCEDE ALGO NO HABITUAL.
  • PORQUE SE SIENTE SOLO.
  • DE EXCITACIÓN, ALEGRÍA, ENTUSIASMO, ETC.
  • COMO INVITACIÓN A REALIZAR ACTIVIDADES EN  COMÚN.
¿QUE PODEMOS HACER CONTRA LOS LADRIDOS?
  1. RESPONDER CON CALMA Y EN VOZ BAJA, NUNCA EXCITADOS NI GRITANDO.
  2. ANTES DE INTERVENIR, DEJAR QUE EL PERRO LADRE UNA O DOS VECES.
  3. DESVIAR SU ATENCIÓN LLAMÁNDOLE POR SU NOMBRE PARA QUE ACUDA A NUESTRO LADO.
  4. AGRADECERLE CON ALABANZAS QUE NOS HAYA AVISADO Y MANDARLE A ACUDIR.
  5. PEDIRLE QUE REALICE EL EJERCICIO DE SENTARSE U FELICITARLO DESPUÉS.
  6. LLAMARLO PARA QUE ACUDA Y SE ECHE ( SI HACE FALTA, PRESIONÁNDOLE EN LA ZONA ABDOMINAL).
  7. MANTENERLE EL HOCICO CERRADO CON LA MANO.
  8. AL MISMO TIEMPO, HACER <<¡CHISS!>> LLEVÁNDONOS EL DEDO ÍNDICE A LOS LABIOS.
  9. REPETIR ESTE <<¡CHISSS!>> CADA VEZ QUE EL PERRO PARE DE LADRAR, Y A CONTINUACIÓN FELICITARLO.
  10. DESVIAR LA EXCITACIÓN QUE EL PERRO DESAHOGARÍA LADRANDO HACIA ALGÚN JUEGO, UNAS CARICIAS O ALGUNA RECOMPENSA.
ADVERTENCIA IMPORTANTE: HAY QUE DEJAR QUE EL PERRO LADRE UNA O DOS VECES ANTES DE LLAMARLO AL ORDEN.
LADRAR ES SU FORMA NATURAL DE EXPRESIÓN Y EL PERRO SIEMPRE TIENE UN MOTIVO PARA HACERLO; POR ESTO, EL ANIMAL NO ENTENDERÍA QUE LADRAR LE FUERA PROHIBIDO DEL TODO.

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